Continuamente me encuentro azorado frente al inexorable y vertiginoso paso del tiempo. Como maestro budista el tema de la contingencia de nuestra existencia, su fragilidad y su inmenso valor, estos temas que perfilan no solo mi acercamiento a la enseñanza, sino también a la apreciación de la vida. Es bajo esta perspectiva que rememoro y celebro desde lo más profundo de mi corazón el 14 aniversario de un hito en la carrera de ser humano, que ha hecho de su vida una incansable senda que recorre por el bienestar de los todos los seres, en especial de aquellos que como él, tiene la particularidad de compartir su lugar de nacimiento: el Tíbet. Desde su exilio a finales de los años 50, hasta la fecha, S.S. del Dalai Lama ha actuado tan diversos roles, que parecería que tiene la habilidad de desdoblarse en múltiples cuerpos: maestro budista, representante cultural y religioso de los tibetanos, practicante budista, filósofo, protector del medio ambiente, líder de consciencia, guía e inspiración de millones de seres humanos, no tan sólo budistas, defensor de los derechos humanos, modelo del espíritu de la vida pacífica y de la ética, escritor de decenas de volúmenes, conferencista y promotor del buen humor y de la vida sana. Tan azorante como el tiempo es la multiplicidad de papeles que el Dalai Lama ha tenido que crear y desarrollar desde temprana edad. Quizá uno de los papeles principales que representa, sea el de ser el preservador de la consciencia, del espíritu y la cultura del Tíbet, en una de sus facetas más difíciles: el representante viviente del triunfo de una cultura, religión y filosofía que ha beneficiado al mundo por siglos.

El camino que ha seguido Su Santidad y el Tíbet bajo sus hombros ha sido un camino difícil y asediado por diversas dificultades: el exilio, el sufrimiento de su pueblo tanto de los que viven en la tierra de las nieves, como los refugiados dispersos por el mundo, el inclemente hostigamiento de uno de los gobiernos más poderosos del mundo: el de la República Popular China. A pesar de 60 años en el exilio la fuerza y valentía de Su Santidad no ha vacilado, sino que se han templado en su lucha por asegurar la supervivencia de su pueblo, su cultura y su religión. Coincido con muchos que dicen que la fuerza del Dalai Lama proviene de la fuerza moral que ha cultivado durante toda su vida, y añadiría que esta fuerza tiene otro origen: la bodichita; la cual se define como la mentalidad de que cualquier cosa que hagamos en nuestra vida, sea para el beneficio de todos los seres sensibles. La mentalidad altruista —el verdadero significado de bodichita— de recorrer el camino espiritual y lograr su culminación, para el beneficio de todos los seres; es la práctica central de Su Santidad. Esta es la base, la causa de su fuerza moral, su efecto, es algo que personalmente he atestiguado muchas veces a lo largo de mi vida. Uno de estos momentos en que se ve el efecto de la práctica de la bodichita la viví, cuando tuve el honor de ser invitado a la ceremonia de entrega de la Medalla de Oro del Congreso de Estados Unidos.

Ese día, hace 14 años hubiera estado más que feliz de enterarme de este acontecimiento, junto con millones de tibetanos y practicantes budistas y aquellos que comparten los ideales del Dalai Lama sin importar el credo, pero ese día no cabía en mí de la emoción, felicidad y dicha, de estar en la misma sala que Su Santidad, invitado en parte por mi papel como maestro budista, pero también como promotor y defensor de la causa tibetana y como fundador y director de Casa Tíbet México, que creo es otro efecto de la bodichita cultivada por Su Santidad. Fue en esa ceremonia en la que atestigüé, una vez más, el efecto de la mentalidad altruista, ¿pues de qué otra manera explicar que un simple monje budista –como el Dalai Lama suele describirse a sí mismo— pueda constelar el apoyo de uno de los gobiernos más poderosos del mundo? A lo largo de 60 años de carrera como promotor de los Derechos Humanos y del Tíbet ha conquistado, encantado y conmovido a millones de personas, incluyendo a personajes de las más altas esferas: políticos, empresarios, celebridades, académicos y muchos más lo cual se ha decantado en el apoyo a él y a sus causas. Es quizá la profunda conexión humana que logra Su Santidad con aquellos con los que se relaciona con la que es capaz de convencer y persuadir a la más disímil constelación de personalidades con las que se ha relacionado a lo largo de los años.

Es posible que este día pueda parecer lejano, tanto en tiempo, como en espacio y culturalmente hablando a muchas personas, que estén relacionadas tanto conmigo, como con mis múltiples proyectos, pues ¿qué tiene que ver un extranjero conmemorado por un país extranjero, con la experiencia de la media de los seres humanos? Sin embargo, es aquí donde radica parte de la magia del Dalai Lama: en ser capaz de deshacerse de capa tras capa, tras capa de su identidad, para dejar al descubierto la naturaleza fundamental de la humanidad que nos conecta y comunica unos con otros: un corazón cultivado con bondad e interés en los otros, que nos hace capaz de reconocer la importancia de la condición humana en otro y que de golpe nos hace apreciar también las particularidades de la situación específica, que más que sernos extraña, nos hace darnos cuenta de la multiplicidad de apariencias en las que se manifiestan estas cualidades humanas. Y lo más importante de esto es el darnos cuenta de que la capacidad de cultivar un corazón así está —como suele decirlo la enseñanza budista— en la palma de nuestra mano.

Desgraciadamente el Tíbet aún no es libre, ni autónomo y en estos momentos se encuentra en una etapa muy difícil, en la cual toda expresión de su cultura, el idioma, la religión, la identidad étnica y su situación de Derechos Humanos se encuentra terriblemente vulnerada. Es estos momentos que un aniversario como este es un aliciente y una inspiración para todos los tibetanos y para aquellos que como yo nos encontramos conectadas en muchos niveles con la situación tibetana. Sobre todo en no cejar y seguir el ejemplo de Su Santidad el XIV Dalai Lama, que no se da por vencido, y que sabe que una lucha que vale la pena y nunca se abandona.

Marco Antonio Karam
Presidente y Fundador de Casa Tíbet México

3 Comments

  1. Juan Carlos Maya Castellanos

    Muchas gracias.
    Om Mani Padme Hum.

  2. Luis David Rivera Segura

    Gran reflexión Tony, gracias por tanto valor

  3. excepcionalmente educativo. Muy obligado por este impresionante artículo de blog. Esta es una gran información informativa que ha sido compartida …,

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