Stupa de la Paz

Los alcances de la existencia: mi experiencia en retiro

Comparto con ustedes una hermosa carta que recibí.


Hace algunas semanas, al culminar mi clase con Lama Tony, una frase se depositó en lo más profundo de mi mente. Lo había hecho con tal intensidad, que prácticamente no pude conciliar el sueño en algunos días, lo que sin duda alguna dejó espacio para elucubrar una cantidad considerable de respuestas e indagaciones sobre los alcances que podría tener en mi existencia. Uno de los aspectos más crudos consistió en percatarme que el peso de la idea no estaba encasillado en lo conceptual, sino que derramaba su fuerza en mi pasado, en lo que supuestamente era fijo e inmutable, y cuyo contenido era vislumbrado exclusivamente desde una sola mirada.

¡En la mayoría de modelos educativos en occidente, se termina por premiar la acumulación de conocimiento, pero no la interiorización que se haga de este!

¿Qué implica interiorizar? ¿Qué efectos ha tenido para la población el contar con una enseñanza que exalta la repetición de la información como única estrategia didáctica? Cuestionamientos que me llevaron de la mano a observar el tipo de docentes que había tenido en mi etapa estudiantil, repletos de angustias, ansiedades, depresiones, o bien de cualquier padecimiento digno de nuestros tiempos. Ante ello, era palpable que lo que hacía falta era fomentar la sinonimia entre lo que se racionaliza y la consecuente forma de ver el mundo, una simbiosis que faculta a la mente para situarse desde otra plataforma, una que paradójicamente no requiere en forma absoluta de los conceptos para lograrlo, sino del desprendimiento que se haga de estos.

A partir de esa sensación, recordé que en el programa educativo de Casa Tíbet se cuenta con la posibilidad de realizar retiros en Valle de Bravo. Lugar idóneo para conocer de viva voz lo que implica interiorizar, llevar hasta su máxima expresión las enseñanzas que todas las semanas recibimos, pero con la ventaja de constituir un sitio que coopera para que el número de distractores sea prácticamente nulo. Sin perder más tiempo, me puse en contacto con Lama Tony, le externé mi deseo de irme de retiro una semana, contestándome que era lo mejor que podía hacer, proporcionándome al efecto una dieta meditativa con la cual encararía de mejor forma el hermoso reto venidero.

Debo decir que días antes de partir hacia Valle de Bravo, muchos pensamientos habitaron mi cabeza, miedo, angustia, alegría, pero afortunadamente recibí el consejo de Alan Murillo, ¡Ve sin ninguna expectativa!  Así lo hice, tomé mis respectivas maletas, cuyo contenido se me había explicado de maravilla por el siempre atento Staff de Casa Tíbet, y dejé que el trayecto se convirtiera en un ejercicio pleno de libertad. Al salir de la Ciudad de México, poco a poco el paisaje fue cambiando, lo que antes constituía una selva de asfalto y contaminación, dio paso a la presencia de una vegetación tupida, verde, e impregnada de realidades sumamente contrastantes a lo que mis ojos están acostumbrados.

Durante buena parte de la adolescencia, Valle de Bravo representaba para mi un lugar de diversión, ya que un amigo tenía una casa muy cerca del lago, lo que me permitió aprender a esquiar, disfrutar esos paisajes idílicos, pero sobre todo gozar de las condiciones y circunstancias que tenía en esos años. No obstante, como bien sabemos, todo se encuentra en constante cambio, lo cual pude constatar al percibir ese territorio bajo una mirada distinta. Lo que antes era matizado con una clase de lentes, ahora tomaba una perspectiva completamente diferente, puesto que la finalidad descansaba en darme la oportunidad de conocerme, convivir con las múltiples representaciones de mi ser, así como permitir que el silencio le obsequiara un lugar a lo interno.

El camino que conduce al centro de retiros, en lo que se conoce como Cerro Gordo, se encuentra franqueado por pinos altos, que sin temor a equivocarme van susurrando en compañía del viento, la valiosa oportunidad que se tiene para depositar nuestros pasos en un sitio como el que en breve tiempo llegaría. Una de las primeras sorpresas fue el observar que la señal de internet se perdía, dejando en su lugar el espacio suficiente para captar de mejor forma los pensamientos que la mente edifica.

Al final de la ruta, una cerca anunciaba el acceso hacia lo que semanas antes era tan solo una posibilidad. Descendí del automóvil y capté inmediatamente el sonido carente de las fábricas, escuelas o multitudes que constriñen la voluntad de las personas, sujetándolas a un estilo de vida donde el tiempo es medido por lo que se produce, lo cual termina por alinear el cuerpo y la mente. Al voltear a la izquierda, encontré la stupa, hermosa construcción impregnada de energía, y que en mi dieta meditativa tendría que circundar todos los días de la semana.

Yolanda, quien forma parte del Staff, se acercó para preguntarme si venía de retiro, a lo cual respondí que sí, acompañándome a la cabaña de estancias cortas. Minutos después llegó Beatriz, la cual me explicó las reglas que eran indispensables para el retiro. Lo fundamental era el silencio, así como el respeto a las áreas de los meditadores de largo tiempo. Rememorando a Kafka, se me indicó que tenía que escoger un día antes el tipo de comida caliente que preferiría, ya fuera vegetariana o carnívora, misma que se me dejaría en la puerta de la cabaña. El desayuno y la cena tendrían que ser preparados por mi persona.

Así, con las instrucciones perfectamente claras, preparé mi cuarto, deposité en un hermoso escritorio de madera mis libros, al igual que una pequeña escultura del buda histórico. Lo que sigue está saturado de esfuerzo, dolor, pasión, voluntad, ansiedad, calma, y paz. Medité de forma disciplinada como Lama Tony me indicó, con pausas para caminar y sentir mi respiración. Una de las ventajas fue concentrarme en textos budistas, con lo cual la práctica del samatha y vipassana funcionó de mejor manera.

Durante el transitar de los días, una cantidad considerable de emociones, pensamientos y reflexiones me acompañaban, sin embargo, dos ideas subsistieron:

  • Existen los pensamientos, pero no el pensador
  • La flor de loto está en todo lo que no es nombrado como flor de loto

Carmen Pardo, en el texto intitulado “En el silencio de la cultura”, menciona que las sociedades occidentales encabezadas por Estados Unidos de Norteamérica, trabajan con ilusiones, homogeneizando gustos, proyectos, patologías, pero sobre todo se han empeñado en eliminar las ex–periencias; es decir, cada vez tenemos menos lugares y momentos donde sea factible salir de nosotros mismos. Contamos, por el contrario, con plazas públicas, centros comerciales, escuelas, que resultan idénticos, provocando entonces que la mente caiga en una trampa de supuesta identidad.

Las condiciones que rodean al centro de retiros en Valle de Bravo, impulsan a la mente para interiorizar, captarse, pero sobre todo para adentrarse en un mundo que es forzoso vivir en carne propia para comprender la trascendencia que tiene. Por mucho que me esmerara en describir lo que obtuve al sentarme en el cojín de meditar todos los días, tendría un obstáculo que se denomina lenguaje.

Sin embargo, lo que sí es imperioso decir, es que no basta con recitar y aprenderse de memoria las enseñanzas, hace falta que estas se unan en cuerpo y mente. Para ello, contamos con un sitio idóneo creado por Lama Tony, que estoy seguro podrá proporcionar una cantidad importante de insumos que harán de nuestra concepción del mundo, algo menos dualista, algo menos condicionada por el protagonismo del yo.

Oscar Huicochea García

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About Marco Antonio Karam

Desde mi temprano encuentro con la cultura y espiritualidad tibetana, tuve el deseo de conformar una institución dedicada a la difusión y preservación de la extraordinaria civilización del techo del mundo, hoy genuinamente amenazada por la extinción.
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Desde mi temprano encuentro con la cultura y espiritualidad tibetana, tuve el deseo de conformar una institución dedicada a la difusión y preservación de la extraordinaria civilización del techo del mundo, hoy genuinamente amenazada por la extinción.

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